El término neurosis fue introducido en el último tercio del s. XVIII por el médico escocés William Cullen, como contrapuesto al de neuritis, para designar ciertas enfermedades no inflamatorias del sistema nervioso y de la psique. La historia de la neurosis es la de la histeria. Hipócrates, en el s.V a. de C., la concebía como espasmos o sofocaciones dimanadas de la posición uterina. A partir de Le Pois empieza a pensarse que el cerebro desempeña un papel importante en la causa de la enfermedad. Tras la introducción del término neurosis por W. Cullen se va acentuando la idea de la intervención de los factores psicológicos en la génesis de las mismas. En 1868, Charcot destacaría la importancia de la emoción como productora de la enfermedad, introduciendo el concepto de sugestión y demostrando su remisión bajo la hipnosis.
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El concepto de neurosis carecía de una formulación concreta y el diagnóstico se basaba en la práctica, en la exclusión de un proceso lesional. La escuela freudiana establece que las neurosis tienen un origen psíquico, de origen inconsciente. Cuando se produce una situación en la que el yo consciente se ve incapaz de armonizar la realidad exterior con el conjunto de normas que tiene en su interior, reaccionaria creando los síntomas neuróticos, que dependen de los diferentes mecanismos de defensa que en cada caso utilice el yo. Las neurosis podrían definirse como el resultado de la incapacidad para resolver los conflictos inconscientes que existen en el psiquismo.
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Para la OMS (Organización Mundial de la Salud) clasifica los trastornos neuróticos o neurosis como trastornos mentales sin una base orgánica demostrable, en los cuales el paciente puede tener una percepción clara y una comprobación correcta de la realidad externa sin confundirla con sus experiencias subjetivas mórbidas y con sus fantasías. El comportamiento puede llegar a verse muy afectado, aunque generalmente permanece dentro de límites socialmente aceptables y la personalidad no se desorganiza. Por debajo de las diversas interpretaciones de las distintas escuelas y teorías subyace la idea de que en la base etiopatogénica del trastorno neurótico está siempre la angustia, y de que los síntomas neuróticos son formas de manifestación de esa angustia o de defensa contra ella. El problema se complica a la hora de explicar o comprender la psicodinámica de la angustia neurótica. Se admite que un inadecuado aprendizaje, resultado de la interacción características constitucionales-influencias ambientales, imposibilitaria en el neurótico el indispensable nivel de seguridad afectiva en el propio valor y en la propia capacidad o nivel de seguridad básica secundaria, necesaria para afrontar el proceso de realización personal,con independencia del ambiente y de los acontecimientos vitales que dicho proceso de realización precisa.
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La falta de seguridad en sí mismo y la hiperdependencia emocional que ésta provoca van a dar lugar a una <<anormal tensión>>, espectación ansiosa, a un estar constantemente alerta para garantizar el prestigio, aun en las circunstancias más ordinarias de la vida. El propio valor y la propia capacidad pasan a ser el objetivo indispensable de la misma, precisando su continua estimación y confirmación ambiental.
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La relación del neurótico con los demás está marcada por el conflicto entre el deseo (necesidad) de confiar en ellos (de echar toda responsabilidad sobre los demás, de ser protegido y amparado) y la incapacidad, que surge de su misma inseguridad, de abandonarse y fiarse de otros. esto significa, una situación de aislamiento emocional e incapacitación para recibir ayuda, frente a la que el neurótico malgasta la mayor parte de sus psíquicas.