A lo largo de la historia, las teorías sobre la histeria han ido variando de acuerdo con la concepción que de los trastornos mentales se ha tenido en cada época. Durante la Edad Media, los síntomas neuróticos, se creyeron debidos a posesión diabólica; posteriormente, y hasta el siglo XIX, se consideraron originados por una enfermedad orgánica. Las interpretaciones actuales de la enfermedad tienen su origen en la obra de Charcot y de su discípulo P. Janet y en los estudios de Freud, que culminarían con la técnica y la teoría psicoanalítica, elaborada sobre unos casos de histeria.
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La Clasificación Internacional de Enfermedades de la OMS dice que la neurosis histérica se caracteriza por fenómenos de conversión que dan lugar a disturbios psicogénicos de la función de alguna parte del cuerpo a una restricción o estrechamiento del campo de la consciencia que parece servir a un propósito inconsciente y va comúnmente acompañado o seguido de una amnesia selectiva.
Ambos fenómenos suponen grados variables de falta de atención selectiva frente a elementos concretos del ambiente interno o externo y se consideran <
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Aunque ambos mecanismos de defensa participan en mayor o menor medida en la producción de síntomas, se pueden diferenciar los trastornos dependientes de fenómenos de conversión de aquellos otros en que intervienen más los fenómenos de disociación. Así, entre los primeros tenemos las crisis neuropáticas o epileptiformes, de las cuales la más completa y típica es el gran ataque histérico. Estas crisis suelen aparecer de forma brusca, en presencia de terceros y casi siempre ligadas a un suceso penoso o vivido como tal por el enfermo. Se produce un estrechamiento del campo de la conciencia, y el sujeto cae al suelo y empieza a contorsionarse, a gesticular y a gemir. La duración de la crisis es aproximadamente de quince minutos, aunque puede durar horas, recuperándose la conciencia de forma progresiva y terminando en llanto.
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Como manifestaciones de conversión más frecuentes tenemos una serie de trastornos motores (temblores, tics, espasmos musculares o parálisis, junto a trastornos sensitivos del tipo de las anestesias o las cefaleas) Los órganos especializados de los sentidos también pueden presentar una pérdida de función, con grados variables de sordera y pérdida de visión.
Entre los trastornos más dependientes de fenómenos de disociación destacan los estados crepusculares histéricos que van desde la obnubilación hasta el estupor. Entre ellos se encuentran los estados de sonambulismo, en los que son actos coherentes inducidos por fantasías soñadas y que son situaciones en las que el individuo busca las relaciones y objetos deseados, o exterioriza conflictos inconscientes: las fugas histéricas o estados de vagabundeo, conducta semiautomática que lleva al enfermo a viajes o extravíos; la típica amnesia histérica
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La aproximación al tratamiento es esencialmente el uso de una psicoterapia orientada dinámicamente, que tenga en cuenta la importancia de los factores inconscientes, capte el mecanismo mental predominante que está en juego y se esfuerce por conseguir un mayor grado de madurez emocional en el paciente.