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La Coctelera

14. Psiquiatría: La histeria

A lo largo de la historia, las teorías sobre la histeria han ido variando de acuerdo con la concepción que de los trastornos mentales se ha tenido en cada época. Durante la Edad Media, los síntomas neuróticos, se creyeron debidos a posesión diabólica; posteriormente, y hasta el siglo XIX, se consideraron originados por una enfermedad orgánica. Las interpretaciones actuales de la enfermedad tienen su origen en la obra de Charcot y de su discípulo P. Janet y en los estudios de Freud, que culminarían con la técnica y la teoría psicoanalítica, elaborada sobre unos casos de histeria.
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La Clasificación Internacional de Enfermedades de la OMS dice que la neurosis histérica se caracteriza por fenómenos de conversión que dan lugar a disturbios psicogénicos de la función de alguna parte del cuerpo a una restricción o estrechamiento del campo de la consciencia que parece servir a un propósito inconsciente y va comúnmente acompañado o seguido de una amnesia selectiva.

Ambos fenómenos suponen grados variables de falta de atención selectiva frente a elementos concretos del ambiente interno o externo y se consideran <> o mecanismos primitivos de reacción ante la angustia. Muy poco se sabe de los procesos psicofisiológicos responsables de que determinados conflictos psíquicos den lugar a síntomas somáticos o a interferencias en la integración normal de la información captada, acumulada o emitida; conflictos que de alguna forma son expresados de modo simbólico y permiten eludir sus consecuencias. A través de estos mecanismos de defensa el paciente consigue un bloqueo o al menos una reducción de la angustia, beneficio conocido como ganancia primaria de la enfermedad, junto a lo que se ha llamado ganancia secundaria (salida airosa de la situación conflictiva concreta, consiguiendo una mayor atención y cuidados, a causas de la enfermedad, por culpa de los demás). Estas ganancias que el paciente obtiene serían la explicación de la llamada actitud de indiferencia (afectividad insulsa) que el histérico tiene hacia sus propios padecimientos, conocida como la belle indiference. No le afectan excesivamente sus síntomas, puesto que el cierta forma le "alivian", le "protegen" o le "compensan".En definitiva, le son útiles.
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Aunque ambos mecanismos de defensa participan en mayor o menor medida en la producción de síntomas, se pueden diferenciar los trastornos dependientes de fenómenos de conversión de aquellos otros en que intervienen más los fenómenos de disociación. Así, entre los primeros tenemos las crisis neuropáticas o epileptiformes, de las cuales la más completa y típica es el gran ataque histérico. Estas crisis suelen aparecer de forma brusca, en presencia de terceros y casi siempre ligadas a un suceso penoso o vivido como tal por el enfermo. Se produce un estrechamiento del campo de la conciencia, y el sujeto cae al suelo y empieza a contorsionarse, a gesticular y a gemir. La duración de la crisis es aproximadamente de quince minutos, aunque puede durar horas, recuperándose la conciencia de forma progresiva y terminando en llanto.
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Como manifestaciones de conversión más frecuentes tenemos una serie de trastornos motores (temblores, tics, espasmos musculares o parálisis, junto a trastornos sensitivos del tipo de las anestesias o las cefaleas) Los órganos especializados de los sentidos también pueden presentar una pérdida de función, con grados variables de sordera y pérdida de visión.
Entre los trastornos más dependientes de fenómenos de disociación destacan los estados crepusculares histéricos que van desde la obnubilación hasta el estupor. Entre ellos se encuentran los estados de sonambulismo, en los que son actos coherentes inducidos por fantasías soñadas y que son situaciones en las que el individuo busca las relaciones y objetos deseados, o exterioriza conflictos inconscientes: las fugas histéricas o estados de vagabundeo, conducta semiautomática que lleva al enfermo a viajes o extravíos; la típica amnesia histérica *******
La aproximación al tratamiento es esencialmente el uso de una psicoterapia orientada dinámicamente, que tenga en cuenta la importancia de los factores inconscientes, capte el mecanismo mental predominante que está en juego y se esfuerce por conseguir un mayor grado de madurez emocional en el paciente.

13. Psiquiatría: Los estados ansiosos y fóbicos

En los estados ansiosos, llamádos también neurosis de ansiedad o angustia, ésta se describe como difusa o libre y flotante, no hallándose fijada a ningún objeto o situación. Es como sila angustia no estuviese controlada por mecanismos de defensa del yo específicos. Freud la definió, en 1885, como aquellos comportamientos neuróticos en los que los síntomas más destacados están constituidos por las manifestaciones de una angustia permanente.
En la actualidad, la OMS (Organización Mundial de la Salud) establece que esta neurosis incluye varias combinaciones de manifestaciones físicas y psíquicas de ansiedad, que no pueden atribuirse a ningún peligro real y que aparecen en forma de crisis o como un estado persistente. En relación con la neurosis de angustia están los estados fóbicos o neurosis fóbica, en la que la angustia aparece fijada a objetos o situaciones específicos que no justifican dicha reacción. Aunque el paciente sabe que tales objetos o situaciones no pueden representar un peligro real, y se da cuenta de la irracionalidad de sus temores o fobias, se siente impulsado a evitarlos. Lo indefinido de la angustia pasa a vivenciarse como definido en el miedo de los objetos fobógenos. Es un proceso de enmascaramiento de la angustia que alivia al sujeto, pero solo a costa de las inhibiciones y limitaciones a que se ha sometido con sus fobias, las cuales pueden llegar a hacerle imposible una vida de relación normal. Cualquier cosa puede convertirse en objeto de una fobia, y es muy probable que cuando en uno de esos pacientes desaparece una fobia, se desarrolle otra rápidamente.
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Las fobias se han clasificado en comunes o corrientes (son en las que existe un <> exagerado a alguna de las cosas que teme o detesta la mayor parte de las personas) y en fobias específicas (<> a ciscunstancias y objetos que no son temidos por la persona normal). Agorafobia: el miedo a los espacios abiertos; claustrofobia: miedo a los espacios cerrados; acrofobia: a elementos naturales (viento, fuego, mar...); eritrofobia: miedo a determinados objetos y a relacionarse con el público (cuchillos, venenos, armas de fuego...).
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Las manifestaciones clínicas de la ansiedad pueden presentarse como un estado crónico, lento, en forma de crisis, sin que posea agente precipitante alguno o bien ser desencadenada por algún objeto o situación específicos. Tanto unas como otras no son más que la expresión del dispositivo psicofisiológico de defensa que posee el organismo y que es deseable y <>, cuando supone una preparación de éste para resolver situaciones agresivas concretas, pero resulta estéril en el caso de la ansiedad ante una amenaza indeterminada e irremediable.
La forma de presentación crónica se caracteriza por una sensación de tensión psíquica, un <<sentirse mal>>.
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Clínicamente pueden existir manifestaciones dependientes del elevado nivel de excitación cortical cerebral: incapacidad para relajarse, que puede dar lugar a sensaciones dolorosas en cualquier parte del cuerpo, pero habitualmente se expresa en forma de jaqueca, dolor de nuca o espalda, dificultad para concentrarse, sensación de pérdida de memoria. La excitación interfiere en el sueño, apareciendo insomnio y pesadillas. Pueden verse, en general, todos los sistemas del organismo. A esto hay que añadir toda la sintomatología periférica dependiente de las modificaciones bioquímicas (temblores, taquicardias, palpitaciones, palidez, sudores, escalofríos...)
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La crisis aguda de angustia puede aparecer de forma inesperada, puede estar precedida de una estado de ansiedad subagoda, ser desencadenada por la emoción, la repesentación mental del objeto o situación fóbica. Con frecuecia se presenta por la noche: su inicio es rápido y termina bruscamente. El período de estado de de ansiedad se caracteriza por la inquietud, sensación de peligro inminente, de muerte, sesación de ahogo y por la crisis de asma, temblores, escalofríos y agitación.
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En cuanto al tratamiento, la mayor parte de los pacientes con estados ansiosos y fóbicos no requiere hospitalización, pudiendo ser tratados ambulatoriamente en la consutal o en el propio domicilio. El tratamiento sintomático va dirigido a aliviar la angustia e incluye la administración de tranquilizantes y métodos diversos de relajación y autocontrol.

12. Psiquiatría: Las neurosis: aspectos generales

El término neurosis fue introducido en el último tercio del s. XVIII por el médico escocés William Cullen, como contrapuesto al de neuritis, para designar ciertas enfermedades no inflamatorias del sistema nervioso y de la psique. La historia de la neurosis es la de la histeria. Hipócrates, en el s.V a. de C., la concebía como espasmos o sofocaciones dimanadas de la posición uterina. A partir de Le Pois empieza a pensarse que el cerebro desempeña un papel importante en la causa de la enfermedad. Tras la introducción del término neurosis por W. Cullen se va acentuando la idea de la intervención de los factores psicológicos en la génesis de las mismas. En 1868, Charcot destacaría la importancia de la emoción como productora de la enfermedad, introduciendo el concepto de sugestión y demostrando su remisión bajo la hipnosis.
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El concepto de neurosis carecía de una formulación concreta y el diagnóstico se basaba en la práctica, en la exclusión de un proceso lesional. La escuela freudiana establece que las neurosis tienen un origen psíquico, de origen inconsciente. Cuando se produce una situación en la que el yo consciente se ve incapaz de armonizar la realidad exterior con el conjunto de normas que tiene en su interior, reaccionaria creando los síntomas neuróticos, que dependen de los diferentes mecanismos de defensa que en cada caso utilice el yo. Las neurosis podrían definirse como el resultado de la incapacidad para resolver los conflictos inconscientes que existen en el psiquismo.
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Para la OMS (Organización Mundial de la Salud) clasifica los trastornos neuróticos o neurosis como trastornos mentales sin una base orgánica demostrable, en los cuales el paciente puede tener una percepción clara y una comprobación correcta de la realidad externa sin confundirla con sus experiencias subjetivas mórbidas y con sus fantasías. El comportamiento puede llegar a verse muy afectado, aunque generalmente permanece dentro de límites socialmente aceptables y la personalidad no se desorganiza. Por debajo de las diversas interpretaciones de las distintas escuelas y teorías subyace la idea de que en la base etiopatogénica del trastorno neurótico está siempre la angustia, y de que los síntomas neuróticos son formas de manifestación de esa angustia o de defensa contra ella. El problema se complica a la hora de explicar o comprender la psicodinámica de la angustia neurótica. Se admite que un inadecuado aprendizaje, resultado de la interacción características constitucionales-influencias ambientales, imposibilitaria en el neurótico el indispensable nivel de seguridad afectiva en el propio valor y en la propia capacidad o nivel de seguridad básica secundaria, necesaria para afrontar el proceso de realización personal,con independencia del ambiente y de los acontecimientos vitales que dicho proceso de realización precisa.
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La falta de seguridad en sí mismo y la hiperdependencia emocional que ésta provoca van a dar lugar a una <<anormal tensión>>, espectación ansiosa, a un estar constantemente alerta para garantizar el prestigio, aun en las circunstancias más ordinarias de la vida. El propio valor y la propia capacidad pasan a ser el objetivo indispensable de la misma, precisando su continua estimación y confirmación ambiental.
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La relación del neurótico con los demás está marcada por el conflicto entre el deseo (necesidad) de confiar en ellos (de echar toda responsabilidad sobre los demás, de ser protegido y amparado) y la incapacidad, que surge de su misma inseguridad, de abandonarse y fiarse de otros. esto significa, una situación de aislamiento emocional e incapacitación para recibir ayuda, frente a la que el neurótico malgasta la mayor parte de sus psíquicas.

11. Psiquiatría: Trastornos del sueño

El sueño es una de las funciones biológicas más lábiles clínica. La dosis cotidiana de sueño es muy variable de un individuo a otro; lo normal es que el hombre adulto pase durmiendo una tercera parte del día. Durante este tiempo, que se inicia una media hora después de acostarse, recorre una serie de fases de sueño cada vez más profundo.
Dentro de los trastornos del sueño, el más extendido es el insomnio (incapacidad para dormir), que da lugar a una reducción del tiempo total de sueño y que se acompaña de somnolencia, cansancio, malestar y una disminución del rendimineto subjetivos. A efectos prácticos se suelen distinguir tres tipos de insomnio:
1. Según la reducción, se puede deber a una dificultad de conciliar el sueño, con un adormecimiento prolongado.
2. A un sueño no reparador, con frecuentes despertares a lo largo de la noche.
3. A un despertar matutino que no permite conciliar de nuevo el sueño.
En muchas ocasiones, dos o incluso los tres tipos se presentan asociadas a un mismo insomne.
Las causas del insomnio pueden ser variadas:
1º. Puede tratarse de algún proceso somático excitante o molesto que impida el sueño.
2º. Hay que tener en cuenta que ciertos periodos de la existencia (como la adolescencia, el climaterio y la ancianidad), pueden darse variaciones más o menos pasajeras del tiempo y del ritmo del sueño, expresión del cambio producido y de la ansiedad que éste suele despertar.
Hoy en día el insomnio más frecuente suele ser debido a las extendidas constumbres de consumo abusivo de sustancias excitantes (café, alcohol, tabaco, etc.), que va asociado a otra causa del insomnio, como es el surmenage (agotamiento por exceso de actividad) tanto físico como psíquico. El organismo se encuentra en la imposibilidad de relajarse en el adormecimiento y logra solo un sueño superficial, nada reparador.
El insomnio suele ser también síntoma revelador de las afecciones psiquiátricas, especialmente de los trastornos patológicos del humo, de las personalidades neuróticas, de las intoxicaciones crónicas, fundamentalmente la demencia senil.
Otro trastorno del sueño es el exceso del sueño o hipersomnia.
La hipersomnia y la somnolencia son frecuentes durante el día, independientemente del sueño de la noche. En los hitéricos se observan accesos de sueño, que pueden durar horas e incluso años. Este sueño histérico, o letargia histérica, se ha comparado al estado del trance hipnótico, los mecanismos tanto de uno como de otro, estan sin aclarar.
El tratamiento de los trastornos del sueño es el de sus causas: solución de los procesos psíquicos que lo originan, regulación del ritmo de vida y hábitos inadecuados y la supresión o el control de sustancias excitantes. Cuando no es posible eliminar el proceso causal o como forma de solucionar el síntoma mientras se intenta lo anterior, se recurre al tratamiento farmacológico.

10. Psiquiatría: Clasificación de las enfermedades mentales

En psiquiatría existen clasificaciones que permiten definir y reconocer las enfermedades mentales.
Un buen sistema de clasificación debe cumplir estos requisitos:
1. Tener una nomenclatura uniforme de términos con definiciones idénticas universalmente conocidas y confirmadas.
2. Sistema diagnóstico basado y definido por criterios unívocos idénticos en significado y utilización.
3. Sistema de clasificación fundado en un principio básico común.
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Estos principios no han sido total o parcialmente incorporados por la psiquiatría en su clasificación de las enfermedades mentales, debido a la interferencia de diferentes factores. En primer lugar, no es difícil comprender que a lo largo de la historia de la psiquiatría hayan aparecido clasificaciones que vienen a representar de modo sintético un determinado sistema de pensamiento psiquiátrico.
En segundo lugar, para la psiquiatría a veces resulta no solo dudoso, sino también contrapuesto el poder determinar si una persona está enferma psíquicamente o no.
Otro aspecto que debemos mencionar es el referente a la complejidad del lenguaje psiquiátrico. Los múltiples problemas que tiene plateada la psiquiatría, al ser tratados según diversas formas de pensamiento o interpretación, hacen que la semántica psiquiátrica posea para el observador no iniciado dificultades evidentes que hacen de esta disciplina una ciencia confusa.
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El resultado de todo esto es una multiplicación y variación de sentido en los términos psiquiátricos. Como cada fenómeno clínico puede ser estudiado e interpretado desde diversas perspectivas, y para una misma perspectiva se pueden aplicar métodos diferentes, surge un marcado problema de comunicación, hasta el punto de que podemos afirmar que si la psiquiatría está aislada del resto de la medicina, en parte es por su lenguaje.
Pero sin clasificación de las enfermedades no se puede hacer nada, porque definir y distinguir los trastornos psiquiátricos, y después clasificarlos, son aspectos imprescindibles para el progreso de la ciencia psiquiátrica.
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Hasta finales del siglo XVIII no se conocen intentos serios de clasificación de las enfermedades mentales. A partir de Pinel, las entidades nosológicas psiquiátricas se establecen según distintos criterios. En un principio las clasificaciones estuvieron basadas en la sintomatología; después se intentó establecer unos criterios a partir de la correlación entre la sintomatología y la etiología, y cuando la etiología no resulta adecuada se establecen unas veces clasificaciones según el criterio lesional, y otras según el criterio psicológico.
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Con el fin de solucionar este aspecto, la OMS (Organización Mundial de la Salud) ha dedicado varias reuniones de expertos para clasificar las enfermedades mentales. Y junto a la clasificación de los trastornos mentales (Sección V), que se encuentra en la CIE (Clasificación Internacional de Enfermedades), se ha preparado un glosario, o sea, unas indicaciones acerca del significado de sus términos constituyentes, en vista de que muchas denominaciones psiquiátricas están adquiriendo significados muy diferentes en los distintos países.

09. Psiquiatría: Tendencias sociogénicas

Las tendencias sociogénicas son las que se apartan de la génesis individual y mantienen la creencia de que es una determinada estructura social la que origina la enfermedad mental. Afirmar esto supone considerarla como un producto artificial de la cultura. El hombre vive en un entorno sociocultural del que recibe múltiples influencias, pero no son las circunstancias ambientales por sí mismas las que le hacen enfermar, sino que hay que atender a la elaboración personal de las mismas (H. Ey).
La sociología (es la ciencia de la observación de los fenómenos sociales e intenta definir las relaciones de los individuos en los grupos) y la antropología cultural (estudia los sistemas de reacciones a los estímulos del medio) son las dos grandes disciplinas que más contribuyeron a desarrollar esta tendencia doctrinal.
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Pero no podemos hablar de un solo modelo sociológico con una línea teórica unitaria, sino que podemos establecer tres grandes enfoques que constituirían las bases sociogénicas del enfermar mental:

1. Enfoque familiar. La figura más destacada en este enfoque es Ronald Laing, quien intenta profundizar en estos aspectos tras conceptualizar unitariamente ideas procedentes del Psicoanálisis, de la filosofía existencial, de la ideología marxista y de la sociología.
Han ido apareciendo trabajos que contradicen o reducen notablemente esta postura. Es lógico que sea así, porque hay algunas familias que podríamos denominar patógenas, la familia es la institución social encargada de transformar un organismo biológico en un ser humano, y la mayoría de las veces lo consigue.

2. Enfoque político-social. La enfermedad mental es sinónima de enfermedad social por ser la consecuencia directa de las contradicciones de la escultura social en que aparece. Los representantes más destacados son Basaglia y Cooper, tomando como base la obra de Marx, propugnan de un modo cada vez más radical las luchas de las fuerzas sociales contra la opresión psiquiátrica, estableciendo un compromiso político para el que hacer psiquiátrico y acusando incluso al Psicoanálisis tradicional de estar al servicio de la ideología burguesa represiva.

3. Enfoque ético-sociológico. T. Szasz es el principal representante; es quien mantiene que la enfermedad mental es un mito, producto de la invención de los psiquiatras.
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Estos tres enfoques constituyen lo que desde Cooper se conoce con el nombre de antipsiquiatría. Esta corriente está representada por un grupo de personas que no son psiquiatras ni médicos, que, guiados por el común denominador de la defensa del enfermo mental, han conseguido movilizar la psiquiatría institucional y han hecho patente algo que es una realidad: la falta de atención al enfermo mental. Esta es la razón por la que la antipsiquiatría ha tenido más resonancia y ha producido mayor impacto en los países donde la asistencia al enfermo mental era más defectuosa.
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Junto a este aspecto positivo, dicha tendencia doctrinal provoca serios reparos. El primero y principal es el de que gran parte de sus argumentaciones carecen de validez científica y se basan en unos pocos casos individuales. Su base teórica y su presentación como una mezcla de estructuralismo y existencialismo acompañada de la idea de que todo tiene un origen social y político, no tienen nada científico. Además la antipsiquiatría rechaza las aportaciones de la ciencia, negando evidencias de índole orgánica y psíquica y reduciendo al hombre al nivel social.
Todo este movimiento revolucionario no es solamente una antipsiquiatría; es también una antimedicina. La hipótesis de la antipsiquiatría sobre las causas y los tratamientos del enfermar mental cambian nuestra disciplina clínica en un mero análisis político y social. La psiquiatría ha sido, es y seguirá siendo una disciplina médica. Sus problemas requieren conocimientos sociológicos y su práctica puede diferir en los diferentes sistemas políticos. Pero psicosis hay en todo el mundo y los tratamientos no se diferencian en sus principios y fundamentos de unos países a otros.

08. Psiquiatría: Tendencias psicodinámicas: el discurso del inconsciente

Las teorías psicodinámicas construyen el modelo de enfermedad psíquica sustituyendo los factores biológicos como causa de la enfermedad por los psicológicos. En términos generales se admite que la angustia es la consecuencia psicológica de una reacción desadaptada, y acontece cuando la seguridad básica del individuo está amenazada por un conflicto intra o extrapsíquico. El mayor representante de las tendencias psicodinámicas fue el psiquiatra Sigmund Freud (1856-1939), fundador del Psicoanálisis. Con este nombre se entiende:
1) "un método para la investigación de procesos anímicos apenas accesibles de otro modo".
2) "un método terapéutico de perturbaciones neuróticas, basado en tal investigación".
3) "una serie de conocimientos psicológicos, así adquiridos, que van constituyendo paulatinamente una nueva disciplina científica".
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Freud trata de elaborar una imagen del hombre inspirada en el materialismo positivista de la época. La psique es concebida como un aparato mecánico con elementos constituyentes (el yo, el superyo, el ello), con regiones (el consciente y el inconsciente) y con fuerzas que se desarrollan, se transforman, se reprimen o se descargan. En Freud todas estas fuerzas se reducen a una sola: la libido o energía sexual, que busca su satisfacción o descarga de acuerdo con el principio de placer, y cuyas alteraciones constituirían la causa de los trastornos del aparato psíquico.
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Los psicoanalistas tienen la idea de que los trastornos de la vida adulta serían la consecuencia directa de las vivencias traumáticas ocurridas en la infancia y de la sucesión progresiva de maniobras de defensa que el individuo establecería para protegerse contra estos hechos. De este modo, cualquier proceso psíquico es interpretado como un efecto de tales tensiones, cuyo verdadero significado, al ser inconsciente, solo alcanza a revelarse de manera simbólica en los síntomas neuróticos, en los actos fallidos, en los sueños y en todas las manifestaciones de la cultura humana.
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La teoría psicoanalítica, en cuanto pretende que el fenómeno directamente aprendido deje paso a un juego de elementos meramente hipotéticos, pero aceptados dogmáticamente, renuncia a la posibilidad de captar la realidad inmediata de las cosas y su verdadera esencia (M. Boss).
Por eso, el modelo psicoanalítico de Freud ha experimentado múltiples correcciones a lo largo de los años. Con el propósito de mostrar en síntesis las otras posturas psicoanalíticas derivadas de tales correcciones, las hemos reunido en tres grandes grupos básicos:
1. Teoría de la deficiencia adaptativa. Hartman, Rapaport y Erikson son sus principales representantes. Sus defensores mantienen de la teoría freudiana el papel asignado al instinto sexual, pero agregan otros instintos, llamados constructivos, que permiten en el individuo un desarrollo armónico de la personalidad.
2. Teoría de la deprivación del objeto. Destacan Carl Jung, Fairbairu y R. Spitz. En esta teoría se sigue manteniendo el énfasis freudiano de lo instintivo, pero sustituyendo el sexual por otros instintos que promueven una relación social, de forma que, cuando la persona se ve privada de esta relación, se originan modificaciones patológicas.
3. Teoría de la ansiedad interpersonal. Entre los mayores representantes se encuentran Harry Stack Sullivan, Karen Horney y Alfred Adler. El principio de que los determinantes fundamentales de la patología no proceden de las propiedades biológicas de los instintos (libido), sino de las actitudes que el sujeto adopte en su relación con otros. Tampoco son partidarios de la idea freudiana de que la patología del adulto puede ser entendida solamente como una repetición de las dificultades en la infancia. Por último, reducen la importancia que Freud había dado al inconsciente y prestan un gran interés a las actitudes conscientes del individuo.

07. Psiquiatría: Conductistas: la patología del aprendizaje

La aplicación de los principios del aprendizaje y de la psicología experimental al estudio y tratamiento de la enfermedad mental es una de las grandes revoluciones en el campo de la psiquiatría. Este nuevo enfoque, llamado conductismo o behaviorismo, se inicia a principios del siglo actual con J. B. Watson (zoólogo norteamericano), hace hincapié en el estudio de la conducta observable del animal, quien carece de subjetividad y no permite otra forma científica de conocimiento psicológico.
La aplicación de este método supuso en un principio el rechazo de otros métodos de conocimiento y el olvido de la subjetividad. Actualmente se ha superado esta visión reductora de la de la psicología humana, y el método de observación de la conducta a pasado a ser, junto con los otros métodos de psicología, una forma más de aproximación al conocimiento del hombre.
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Las teorías se basan en dos modelos de aprendizaje: el condicionamiento clásico de I. Pavlov y el condicionamiento instrumental y operante de Skinner. El condicionamiento clásico es uno de los métodos utilizados para la obtención de respuestas aprendidas simples, con una técnica experimental bien establecida. Ivan Pavlov se basaba en las experiencias mientras estudiaba los procesos digestivos en perros: cuando el perro hambriento se le presentaba un trozo de carne, le ingería y se producía una secreción salival en virtud del reflejo congénito o incondicionado, pudo poner de manifiesto desviando hacia fuera, la secreción. Es decir, la comida en la boca del perro constituye un estímulo incondicionado para el animal, que responde de un modo automático con la salivación, o sea, con una respuesta incondicionada. Pavlov hacía coincidir la administración con la presentación previa de un estímulo biológico neutral; el estímulo utilizado fue un sonido de determinada intensidad o una luz intermitente, tras repetir varias veces estas sucesivas fases, comprobó que presentando solo el estímulo neutro se producía también la salivación en el perro.
*Diferencias entre el condicionamiento clásico y el condicionamiento instrumental y operante.
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Otro método de condicionamiento, basado en las investigaciones de Bechterev y Thorndike, es el instrumental. La conducta del sujeto de experimentación es un instrumento para obtener una recompensa o para evitar un castigo. Para investigar las variables relacionadas con el condicionamiento instrumental, Skinner ideó la llamada caja de Skinner, la cual contenía una palanca para la obtención de alimento y un aparato de registro. Si colocamos una rata hambrienta en la caja, se observa que después de una fase de exploración, la rata, por azar, pulsa la palanca y consigue el alimento, el animal va limitando sus movimientos a esta sola actividad. Sobre estas bases, varios autores elaboraron diversas leyes que se pueden resumir diciendo que el aprendizaje es tanto más rápido cuanto más fuerte es la motivación, y cuanto más gratificante es la recompensa o refuerzo positivo. También se puede mejorar el rendimiento castigando los errores con un refuerzo negativo.
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Partiendo de estos esquemas de conducta como modelos psicológicos, las modernas corrientes del conductismo han desarrollado una serie de técnicas y teorías para la modificación de la conducta patológica y su sustitución por otra adecuada. Los síntomas patológicos de comportamiento se consideran respuestas adquiridas y establecidas en forma de hábito. Su tratamiento consistiría en la sustitución de un aprendizaje por otro, proporcionando los hábitos que falten y estableciendo las discriminaciones necesarias para evitar la aparición de conflictos.
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Destacan las aportaciones clínicas de Joseph Wolpe que da estructura a la psicoterapia por inhibición recíproca y, más recientemente, la obra de Albert Bandura, que supone la sistematización del aprendizaje humano social y marca el abismo existente entre las formas del aprendizaje del animal y las del hombre. Éste, aparte de las diferentes necesidades que presenta (individuales y sociales), puede conocer los motivos y la finalidad de su conducta; se erige en dueño y señor de la misma, consciente, voluntario y libre, pudiendo fomentarse unos u otros impulsos y elegir una u otra dirección en sus intereses. En definitiva, el hombre, aunque ser condicionable, es libre para condicionarse o no.